🎢 Mi journey como inversionista: lo bueno, lo malo y lo mejor
La montaña rusa de emociones y aprendizajes
A veces me preguntan por qué me apasiona tanto la bolsa de valores. Y la respuesta es simple: porque ya probé casi todo lo demás y sobreviví para contarlo.
Si crees que mi camino hacia los primeros $100k invertidos fue perfecto, hoy te voy a sacar del error. Para encontrar mi estrategia ideal en Canadá, tuve que pasar por una montaña rusa de negocios y decepciones.
Aquí te comparto mi historial:
1. ¿Cómo que ya soy inversionista?
Empecé con lo más básico y seguro: CETES. Certificados de la Tesorería de la Federación.
Básicamente, es prestarle dinero al gobierno de México a cambio de un rendimiento. En ese entonces existía algo llamado “Tandacetes” que permitía automatizar las contribuciones cada que recibía mi pago; fue mi técnica maestra para aplicar el quítamelo que me lo gasto. Fue una gran escuela de disciplina, pero pronto me di cuenta de que si quería construir riqueza real, necesitaba un vehículo con mucha más potencia, que me ofreciera más que el 3% anual (en esos tiempos)
2. El “negocio” que resultó no ser mío
Ya entrada en el mundo del dinero y buscando opciones, invertí tiempo y dinero en un negocio MLM (Multinivel). Sí, de esos que te prometen ser tu propio jefe y tener libertad total.
Aprendí muchísimo sobre ventas y mentalidad, leí libros buenísimos, además, conocí mucha gente e hice buenos amigos… pero me llevé un golpe de realidad: la empresa quebró por decisiones que ni me consultaron ni me avisaron.
Ese día aprendí una lección de oro: por más que te digan que eres “dueña de tu propio negocio”, si no tienes el control absoluto de las decisiones, no es realmente tu negocio. Mi dinero estaba en manos de terceros, y yo no tenía ni voz ni voto.
3. Mi estudio de Zumba: Amor vs. Rentabilidad
Abrí mi propio estudio de baile porque me encanta enseñar y bailar! Aunque pensaba yo misma dar algunas clases especiales, mi plan era ser “dueña de negocio” y que los ingresos no dependieran solo de mi, contraté instructoras que dieran la mayoría de las clases por mí.
Spoiler alert: La renta de un local es un monstruo que no descansa, y en vacaciones las mamás dejaban de ir porque no tenían quién cuidara a los niños. Lo que me dejaba sin ingresos. Aprendí que los negocios tradicionales, con paredes y gastos fijos tan altos, no eran para mí (por lo menos no en esa etapa de mi vida). Mi pasión estaba ahí, pero el modelo de negocio me estaba quitando la paz.
Aquí empezó una parte muy importante de mi trayectoria como inversionista porque ya tenía unos buenos ahorritos y “estaba lista” para entrar al mundo que me haría financieramente libre: LAS BIENES RAICES
4. Remates Hipotecarios: Mi peor pesadilla inmobiliaria
Después de los negocios físicos, pensé: “Ok, lo mío son los ladrillos”. Me ofrecieron entrar a un remate hipotecario; básicamente, compras el derecho de cobrar la deuda de una casa que está en juicio. En papel, el precio era una verdadera ganga, de esas que parecen un no-brainer porque vas a adquirir una propiedad por una fracción de su valor real.
Pero la realidad fue otra. Primero, la empresa que gestionaba todo resultó ser cero profesional, me dejaban en visto y el proceso legal parecía eterno. Pero lo peor no fue eso.
Lo peor fue el golpe ético y emocional. Me di cuenta de que, para que ese departamento fuera mío, yo tenía que ser la “mala” del cuento. Tomar posesión significaba lidiar con situaciones de desalojo muy intensas, contratar gente para cambiar cerraduras a la fuerza o enfrentar el drama de sacar a gente de su hogar.
Hay inversiones que te dan rendimientos, pero te quitan la paz, y yo no estaba dispuesta a sacrificar mi tranquilidad por una "ganga". Aprendí que si una inversión requiere que yo pierda el sueño, simplemente no es una buena inversión para mí.
5. Préstamos con Garantía Hipotecaria
Después de los remates, encontré un modelo que me hizo sentir mucho más cómoda por mucho tiempo: los Préstamos con Garantía. Aquí, básicamente, tú actúas como el banco. Le prestas capital a alguien y una propiedad queda como respaldo ante notario. Si la persona no paga, tú tienes el derecho sobre esa propiedad.
Fue de mis inversiones favoritas durante años. Me encantaba ver el flujo de intereses cada mes!
Por fín tenía los tan ansiados Ingresos Pasivos de los que todos hablaban!!!
Hasta que pasó lo que nadie quiere que pase…
Un cliente dejó de pagar.
Lo que parecía una inversión “segura” se convirtió en un proceso legal inmensamente desgastante. Tuve que irme a juicio para poder recuperar mi capital y ahí fue donde se acabó el romance con las bienes raices. Me di cuenta de que, en ese modelo, mi libertad y mi dinero dependían de los tiempos de un juzgado, de los abogados y de trámites que podían durar años.
Ese fue mi último intento antes de entender que yo no quería inversiones que me amarraran a procesos legales ni a problemas ajenos. Buscaba un vehículo que me diera crecimiento, pero también libertad y que no me consumiera tanto tiempo.
6. El Stock Market: Mi safe place y mi vehículo favorito 📈
Después de dar tantas vueltas, de lidiar con empresas informales, gastos fijos altos y juicios interminables, por fin encontré el Stock Market (la Bolsa de Valores).
¿Cómo funciona? En lugar de perseguir inquilinos o esperar años a que un juez dicte sentencia, aquí me vuelvo dueña de “pedacitos” de las empresas más grandes y exitosas del mundo (como Apple, Amazon o los principales bancos de Canadá) a través de acciones y ETFs.
¿Por qué, después de todo lo que viví, esta es mi favorita?
Liquidez real: A veces creo que la liquidez es la característica más subestimada de una inversión. No valoras el poder de disponer de tu dinero con un clic hasta que te toca tenerlo "atrapado" en un juicio o en un bien raíz que no se vende. Aquí no hay letreros en la ventana ni esperas eternas; si lo necesitas, es tuyo.
Cero dramas humanos: Mi inversión no depende de si una familia se sale de una casa o si una maestra de baile se enfermó. Invierto en el crecimiento de la economía global, sin juicios de por medio.
Tengo el control: Yo decido exactamente cuánto invertir, en qué riesgo moverme y cuándo retirarme. Mi libertad ya no depende de la burocracia de un juzgado, sino de mi propia estrategia.
Eficiencia de tiempo: A diferencia del estudio de Zumba o los bienes raíces, la bolsa no me pide que esté ahí físicamente ni que gestione problemas operativos. Mi dinero trabaja para mí, y no yo para él.
Hoy, cuando veo mi portafolio crecer (y recuerdo que más del 50% son rendimientos), agradezco cada tropiezo del pasado. Me tomó años de errores entender que no se trata de trabajar más duro, sino de elegir el vehículo correcto.
Ese mapa que a mí me tomó una más de una década trazar, es el que quiero entregarte a ti, sin los dolores de cabeza que yo pasé.
🚀 Masterclass: Cómo comenzar a invertir en Canadá en el 2026
Te espero ahí para enseñarte cómo puedes empezar a construir tu patrimonio de la forma más inteligente y tranquila posible.
Un abrazo,
Anel

